El polígono de Lleu, en Villamayor, comenzará a comercializar en diez días las doscientas toneladas del fruto obtenido en la Vega de Aguín

Piloña cerró ayer la campaña de recogida del kiwi con un balance “más que positivo”. Sólo en la finca Vega de Aguín de Miyares se recolectaron en las últimas dos semanas 200 toneladas del fruto, que está siendo trasladado a una cámara de frío en el polígono de Silvota para su óptima conservación. Allí permanecerá unos diez días antes de salir al mercado local.

Y es que por primera vez desde que se iniciara la plantación, en 2002, los kiwis van a ser vendidos directamente en Piloña, sin intermediarios, aseguró el impulsor de la plantación, Manuel Cimas, que acaba de instalar una máquina de calibración en el polígono de Lleu. Allí se pondrán a la venta tras un minucioso trabajo de clareo para eliminar los frutos pequeños o deformes.

Capataz de Vega de Aguín

El capataz de la finca de Vega de Aguín, Valentín Carrocera, junto a la máquina de clareo en el polígono de Lleu. C. CORTE

Los kiwis piloñeses son de calibre medio 27, lo que quiere decir que el peso de la unidad ronda los 115 gramos. “Y es de calidad extra, muy azucarado y con un sabor sabroso garantizado, el resultado es excelente”, agregó el empresario. Aunque la distribución se hará principalmente a supermercados del norte de España y Madrid, los particulares que se acerquen al polígono de la recta de Lleu, en Villamayor, podrán hacerse con el kiwi piloñés sin problema dentro de diez días.

Durante los dos meses que dura la campaña de venta, el empresario planea contratar una decena de personas a los que hay que sumar los operarios de mantenimiento de la finca de 20 hectáreas, casi 10 de ellas dedicadas al cultivo del kiwi. Dada la buena acogida del fruto en el mercado, el empresario ha decidido preparar los terrenos para aumentar en une hectárea y media la plantación. La previsión es que el terreno dedicado al kiwi crezca en los próximos años seis hectáreas más. Un proyecto respaldado por las ventajas que otorgan los terrenos de la vega de Aguín, orientada al sur y donde parece existir un microclima. Los árboles polinizan quince días más tarde y maduran el fruto dos semanas antes que los de otras explotaciones asturianas, como las de Pravia o Soto del Barco. Esto supone una ventaja, al ser incluidos en el mercado antes que sus competidores regionales. Para cubrir todas las necesidades energéticas de la plantación, los responsables tienen prevista una inversión en placas solares.

La finca piloñesa, que emplea criterios de explotación sostenibles -usando abonos foliares y reciclando restos de la poda como abono orgánico- planea dar un paso más en la explotación directa de sus recursos: el responsable trabaja en la consecución de permisos por parte de las administraciones competentes con los que poder instalar una cámara de frío junto a la explotación, con el consiguiente ahorro de portes a Silvota y establecer en las inmediaciones un punto de venta directo. Propuestas como la de convertir la vieja fábrica de Chupa Chups en centro comercial del kiwi han quedado aparcadas.

Entre las propiedades del fruto piloñés se encuentra su alto contenido en vitamina C, ácido fólico, fibra y minerales como potasio calcio o fósforo. El kiwi puede consumirse fresco, sin pelar y con cuchara, en ensaladas postres o batidos. También se utiliza en la elaboración de platos cárnicos por el efecto enzimático de la actinidina que facilita su digestión.